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MARTIN DE AZPILCUETA, ECONOMISTA

POEMA DE LA PRECIOSA 21 (Continuación)


Al que ha recibido la Casa bendita
Nunca le es negado lo que solicita,
Y aquellos remedios que den a su cuita
Es Dios y no el hombre quien los facilita.

El otro día pasó por aquí el profesor historiador francés Jean Vilar, muy amante de Roncesvalles. Está buscando materiales para una próxima conferencia sobre 4 economistas navarro del siglo XVI, entre ellos el insigne Doctor Navarro, Martin de Azpilcueta. 
Hay bastante escrito y publicado sobre él en los últimos años, pero en esas estupendas biografías se toca muy de pasada su relación con Roncesvalles, como anecdótica y poco relevante. Aparte hay muchas personas, cultisimas y buenas conocedoras de la historia de Roncesvalles que ignoran este aspecto de D. Martin de Azpilcueta como economista, centrandose en su gran fama como canonista y teólogo; sin embargo en todas las escuelas de economía del mundo se conoce su "Teoria sobre el dinero". 
Retrato de D. Martin en el museo de Roncesvalles
A Roncesvalles vino muy joven, no sólo como experto en Derecho Canónico, sino en su faceta de economista para reformar los asuntos económicos de lo Real Casa Colegiata, llamado por su colega, amigo y correligionario, D. Francisco de Navarra, que habia sido nombrado prior de Roncesvalles después de la amnistia que proclamó el emperador Carlos para la disidencia contraria a la conquista de Navarra por Castilla. D. Martin era tio de S. Francisco Javier y el prior D. Francisco, familia de los últimos mariscales de Navarra. 
Esa nariz.....
Cierto que estuvo muy poco tiempo en Roncesvalles, pero de los pocos honores y prebendas que admitió a lo largo de su vida, está la canóngia de Roncesvalles y su nombramiento como comendador de la Orden de Roncesvalles del Villar de Villagrán en Castilla, con cuyas rentas tuvo un mejor pasar. Los retratos de este increible y privilegiado cerebro nos muestran a un hombre algo desdentado, de nariz ganchuda, con el aspecto de esos hombres rústicos, de poca formación pero gran inteligencia innata que se muestra en la viveza de su mirada. En la mayor parte de esos retratos, D. Martin aparece con la sugestiva cruz de Roncesvalles al pecho.

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