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SANCHO EL FUERTE Y SU REAL NARIZ

Esta placa es chulisima, sombra lectora. Le falta practicamente todo el esmalte pero se lee muy bien: es un obispo con su mitra; tiene la tapa del ataud en las manos y una pierna fuera de la caja. este no está rezando aunque su cara está vuelta hacia arriba, donde los ángeles con trompetas (más tarde los verás) llaman a despertar a los muertos. El feretro tiene cuarterones tallados en el frente, pero también parece que hay sábanas, no es una fria caja.



El rey Sancho ha quedado restaurado. Ha sido una breve intervención de limpieza sobretodo pero de la que quedará constancia en la real nariz: En este blog se puede ver el progreso de la restauración. Aquí van 3 fotos de la última parte del proceso hasta su nariz definitiva, fina y elegante (no sabemos si el rey la tuvo así en vida).
En la última entrada le vimos sin nariz, con el cajeado realizado a primeros del siglo XX, es de suponer. Perdida aquella nariz bien encajada, ya contaremos otro día la aventura, se le pudo un pegote amorfo y oscuro compuesto  de barro y una resina oscura encima que siempre creimos que era piedra muy sobada; resulta que no. Buenos después de las consultas pertinentes a personas calificadas se le hizo este molde:

Luego,  a través de esos tubitos de le inyectó el producto final


Y el resultado es éste: se le aprecian las aletas y los agujeros. Es algo pequeña para el real tamaño de la figura pero está muy bien.


Este selecto grupo de señoras estupendas nos visitó el pasado día 24 y no llegaron a ver el resultado final de la restauración,  pero me consta que disfrutaron muchisimo en la visita.
Es 1 de julio y estamos a 9º, con viento norte, agua, niebla y todos esos incordios climáticos que nos hacen comprender a aquellos canónigos de 1586 que querían marcharse alegando que este clima era insufrible, sin embargo, anteayer, estos trabajadores que arreglan los desperfectos de las planchas de plomo del tejado, nos afrecían esta curiosa imagen. Muy fuerte tener que trabajar con el plomo ardiente. Desde aquí, un aplauso.





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